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Cuentos y relatos globales
ArtÃculos publicados en Alhaurin.com
La vieja Clara
(Homenaje post mortem) | | Cuentos y relatos globales. 17.07.16 | Ampliar |  …Cuántas veces quise haber dado a conocer esta crónica estando ella aún viva...En aquel tiempo, yo tenía la palabra pero no el medio donde publicarla y, guardada por ahí se hizo cómplice del silencio; de la ausencia. Hoy, rescatada del olvido, aquí está el eco de la Vieja Clara (Clara Arteta), la mamá de “el Viejo Rome”: Hablaba en metáforas sin saberlo…navegaba en su propia imaginación que es la mejor de las realidades…Ella fue un símbolo, un instante… los invito mejor a que lean... Cuando el buen Dios hizo a Clara, le dijo: ¡Trabaja! Y, Clara, ni vieja siquiera, dejó de trabajar. -¿Qué hace?- le pregunté aquella tarde en que la visitaba…y Clara, ya vieja, me respondió: -Vaya pregunta… Trabajo- y agregó: está de moda y Dios me lo ordenó. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
LO QUE EL FUEGO SE LLEVÓ | | Cuentos y relatos globales. 10.07.16 | Ampliar | Imaginario de una gran “quemazón”Escribe; Walter E. Pimienta JiménezDe pronto se sintió una gran explosión; luego otra, otra y otra… y, enseguida, una columna de humo espeso avisó al tranquilo pueblo que algo, en llamas, ardía. -¡Incendio! -¡Incendio! -¡Incendio! La gente salió a la calle. Querían saber dónde era. En las caras se pintaba el terror. Se escuchó otro estallido y alguien gritó: -¡Auxilio! -¡Auxilio! -¡Auxilio! Una claridad rojiza tiñó el cielo. Baltazar, el campanero del pueblo, como si tuviera cien manos, hizo con sus repiques que los metálicos bronces de la torre de la iglesia, adquirieran voces de alarma y, sacudiéndolos sin tregua, pidió ayuda. |
| Imágenes de un amor | | Diana Fe Balint Rivas. 06.07.16 | |  Un campo inmenso color verde esmeralda plagado de margaritas de colores. Los pétalos rosas, amarillos y violetas brillaban a la luz del crepúsculo en aquella tarde de verano de 1937. Ella corría descalza entre las flores, con la melena al viento y su falda moteada ceñida a la cintura que bailaba al compás de sus caderas. Él también se animó a correr, a perseguirla más bien. La joven reía halagada, acelerando y decelerando la velocidad pero sin dejar que la alcanzara. El joven se detuvo un momento a coger unas margaritas para regalárselas. Con suavidad, arrancó un par y reanudó la marcha. En ese corto período de tiempo, le había sacado una ventaja considerable y ahora, la grácil señorita se perdía entre los arbustos colindantes al lago. Llegó hasta allí jadeando, deseoso de tenerla entre sus brazos y colocarle las florecillas en el pelo. Pensó que le estaría esperando, pero no la vio por los alrededores. “¡Lucía! ¡Lucía!”. No hubo respuesta, ¿estaría escondida? Caminó con cautela, cobijado por las sombras de la maleza. “¿Lucía? ¿Estás ahí?”, silencio. Ampliar en el blog de Diana Fe Martín Rivas |
| En el Día Universal de los Padres… | | Cuentos y relatos globales. 02.07.16 | Ampliar | ¿Somos los hombres, buenos o malos padres?Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez*Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres. Proverbio oriental A Vanessa, Camilo y Federico, mis hijos. Empezaré honestamente por decir a quienes me leen - y en este caso especial a los hombres- que nunca expresaré que como padre, (refiriéndome en este caso únicamente a mí), he sido yo el mejor del mundo. Pero sí lo pienso. La verdad es que me sentí buen padre cuando, con conmovedora reverencia y acabados de nacer, tomé en mis brazos a mis hijos y los sentí como una parte mía, salida de acto mágico llamado vida y entonces, con fuerza latió mi corazón y se me humedecieron los ojos… y no me diga que no porque igual debió pasarle a usted… |
| Se vende esta casa | | Cuentos y relatos globales. 26.06.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez. “Se vende esta casa”, es el anuncio que, como si fuese una plegaria y sin mucha vocación estética, más se le lee en las calles del pueblo cuando uno camina distraídamente por ellas. Con letras disparejas en las que se combinan mayúsculas con minúsculas, esta información se ofrece a los transeúntes sin más datos relacionados que faciliten la información, pues el contundente escrito lo dice todo y tiene muy en el fondo el oculto mensaje de un “arréglatelas como puedas”… El aviso, más que un aviso falto de armonía, es un testimonio que con cuatro palabras habla por sí solo volviéndose una confesión pública que le hace a uno preguntarse: ¿Por qué la venderán?...¿Cuánta costará?.. ¿Para dónde se irán sus dueños?... |
| La sirena de yeso | | Cuentos y relatos globales. 19.06.16 | Ampliar | Relato en tiempo presente, cuando estudiaba en la Escuela Normal de Varones, para la clase de composición escrita, y era mi profesor Elías Cárcamo. Lo rescaté entre papeles viejos que guardaba por ahí. Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Ayer conocí una pequeña sirena. Es de yeso; la trajo mi mamá de Barranquilla, le costó tres pesos y la colocó como adorno en la sala, en la mesita de centro. Me asombró la evidencia del prodigio. Tiene bustos de mujer y cuerpo de pez, pero carece de escamas. A ocultas, algo temeroso, la tomé en mis manos porque pensaba que se me podía caer; quería explicarme su contradictoria condición de no ser un pescado completo y mucho menos una hembra aprovechable para un hombre en suposición de que fuese una indiscutible realidad y no una imposible ninfa marina…fue por ello que, sin encontrar una explicación significativa a mi visión, me pareció poco razonable y comprensible que los poetas sean las únicas personas en el mundo capaces de sacarles algún inspirado beneficio a estos disparates de la Naturaleza, contrahechos y deformes ofreciéndoles trovas, coplas y rapsodias de amor entre suspiros ansiosos e intensos y absortos en sus propias especulaciones quiméricas. |
| La chiva* del café | | Cuentos y relatos globales. 12.06.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- La chiva* del café venía al pueblo los jueves a la media mañana. Era de color verde oscuro, marca “GMC” y desde Barranquilla, por la sinuosa Carretera del Algodón, la traía mi tío Ismael, empleado en tal tiempo en la Cafetería Almendra Tropical. El característico vehículo al que todos llamaban así: “la chiva del café”, sin falta, cada semana, lo esperaban tenderos y consumidores que con sólo verlo pasar por la calle principal, sentían como si sorbieran ruidosamente una humeante y aromática taza de café negro al tiempo que con la calma y la paciencia de los siglos, leían un periódico atrasado o escuchaban en sus radios Philips de pila, por Emisoras Riomar del Circuito Todelar, las radionovelas del momento. Era aquella, entre los pobres, la única opción capitalista. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
De la razón por la cual… Jorge no deja dormir a Sastoque
| | Cuentos y relatos globales. 29.05.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez,- De Jorge Rocha, el popular viejo Jorge, testimonio de hombre honrado y laborioso que de niño conocí y que siempre en la “Playa de las Ventanas” vio en la pesca artesanal la sana y noble forma de enfrentar con atarrayas, trasmayos, barbasco y peligrosos explosivos sus apremios familiares, se me ocurre decir, de la manera más macondiana y fabulosa posible, que bien pudo ser, en su momento, y si lo hubiese querido, el hombre más temido e inquietante del pueblo; tanto así que para sentirse amigo de él, Sastoque, el alcalde militar del pueblo en tiempos de Rojas Pinilla, lleno de miedo, dispuesto hubiese estado a darle la “Orden del Mérito Pesquero”; pero estoy convencido que el homenajeado, rebeldemente contestario, por antigobiernista, la hubiera rechazado. Lo que me hace igualmente creer ahora que, de haber sido verdad lo dicho hasta aquí, el temor del castrance corregidor, ante esta imaginaria situación que escribo, radicaría en que él sabía que Jorge, por ser un experto tirador de dinamita y de otras arriesgadas artes piro técnicas, levantándose en armas con mi abuelo Hernán, con Chito Rocha, Galo Rocha, Julio Rocha, “Luis Carlos Chorrera” y los “hermanos Ballito”, vecinos de la región, se declararía alcalde comandando algunas fuerzas revolucionarias en su jurisdicción y, entonces, dejándole sin mando alguno, le pusiera preso o, a punta de pólvora, de bolas de candela y chamusquinas, en el menos penoso de los casos, lo sacaría de la alcaldía huyendo del territorio obedeciendo quisiera o no al nuevo régimen. |
| Mi tío Goyo | | Cuentos y relatos globales. 22.05.16 | Ampliar | Walter Piimienta.- Mi tío Goyo, hombre de campo hasta su muerte, siempre fue contradictorio consigo mismo y por todo se molestaba y se enojaba…, porque la brisa le tumbaba el sombrero; porque la vaca que ordeñaba se le movía y agitaba mucho la cola; porque la mula en la que iba al monte, con el vuelo de los pájaros, se le espantaba y lo tumbaba; porque era muy tarde o muy temprano para hacer un oficio; porque el arroz estaba salado o sin sal; porque el perro que tenía ladraba cuando no debía; porque queriéndole, decía que no le querían; porque los fósforos se le apagaban antes de tiempo y no alcanzaba a prender el fogón; porque poniéndole veneno a las ratas, era su gato el que se envinaba; porque…Bueno, pero con todo y esto, algo le alentaba siempre a continuar viviendo y por ninguno de los anteriores motivos se le dio un día por morirse sino a merced de sus añoranzas y de un mal de riñones. Tenía más de ochenta años. Mi tío Goyo era de los que abría la ventana de su casa que daba a la
calle y descubriendo que afuera había un hermoso día soleado,
contradecía al verano y se preguntaba cuando llovería y así también,
si el amanecer en su defecto era gris y frío, se contrariaba porque
seguro se vendría un aguacero…, igual tenía sus miramientos contra el
leva paso de la primavera que no con el otoño porque tal estación en
estos lares no se da. Paso a creer por tanto, que si alguna vez llevó
paraguas para salir a la calle, la disyuntiva estaba en que uno supiera
si lo llevaba para protegerse del sol o de la lluvia o por alguno de
los dos motivos…o porque le daba la gana… Uno nunca sabía… |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- “Soliloquio de tres que no llegaron a cura”
| | Cuentos y relatos globales. 15.05.16 | Ampliar | *Cuidado, que antes de ser cura fui monaguillo. (Dicho popular)Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- …Cómo nos hubiese gustado a todos en la comarca ver a Marceliano, a Pepe y a Saulo (“Ungo” Q.E.P.D.), de sacerdotes y haciendo de ello en cualquier aldea de las de antes; de aquellas donde los curas sólo a lomo de mansa mula, después de tres largos días de camino, a estas llegaban entre jornadas que reventaban cinchas y gruperas a las bestias atolladas en los lodazales de octubre cuando en el mes de octubre llovías como llovía en los octubres de otrora… …Cómo nos hubiera gustado verlos de sotana blanca planchada y perfumada, de anillo de oro al dedo anular de la mano derecha; con sobrepelliz de peluche rojo atado a la cintura y zapatillas de pana negra con hebillas de plata…En fin, cómo nos hubiese gustado verlos procediendo de curas…,luchando contra los adversarios de Dios enseñándoles en forma exorcista un Cristo de madera; preocupados en la construcción piedra por piedra de sus templos…, dando a cada misa la solemnidad y el esplendor que tenían los actos religiosos de aquel tiempo y pidiendo limosnas y auxilios a la comunidad para comprar San Juanes, San Pedros y San Pablos de tamaño natural, de la estatura de un hombre; con ojos de vidrio y rostros de no haber arado en el desierto cuando estos, por mandato de Dios, anduvieron por el mundo promulgando la fe entre tanto hereje y renegado… |
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Diatriba de un pueblo donde la gente ya no pelea
| | Cuentos y relatos globales. 08.05.16 | Ampliar | *Confía en Dios…el peleará por ti.Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Como en el pueblo nunca pasa nada desde hace sesenta y ocho años, tres meses y cinco días, y todos nuestros muertos mueren felizmente de aburrimiento –hecho que según el doctor Arango se constituye en la mejor manera de morir con alborozo- al alcalde Bertoldo Pradilla, sin importarle recurrir a las artes arbitrarias de una más de sus tantas alcaldadas, con el aval de sus gendarmes, dado el desuso prolongado que sus oxidadas armas de dotación oficial tienen, y en vista de que a la gente por otra parte se le ha olvidado el noble y caballeroso ejercicio de buscar pelea, y por ello no se ha producido el estreno de la recién construida cárcel anunciada en función de su utilidad en la vida para corregir a provocadores y buscapleitos que no faltan, pues se le ha ocurrido la dichosa y halagadora idea de recompensar con mil quinientos pesos a la persona que este próximo domingo, haciendo de mal educado y pendenciero, le busque riña a otra desenterrándole agravios y sumarios del pasado con propósitos altamente ofensivos. El ingenio del burgomaestre, dispone, además, que el primer preso, por tener el privilegio de serlo, pasará allí quince cómodos días incluyendo en la asistencia: cama con colchón, ventilador eléctrico, baño, desayuno, almuerzo, cena y visita conyugal. |
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”EL INDIO de las pomadas de la vida”…
| | Cuentos y relatos globales. 01.05.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Sin que nadie conociera el guardado secreto de su identidad, procedente quién sabe de dónde, los viernes de cada semana, puntual llegaba al pueblo un nativo que vendía ungüentos sanatorios, bálsamos, emplastos, linimentos, parches, pócimas y “a seguranzas” para niños que por no haber mudado aún los dientes de leche, estaban propensos al mal de ojo y a los encantamientos de las brujas. Tenía el primitivo un negro pelo tupido y grueso caído sobre la frente, lucía sombrero recortado, una especie de falda sin ser mujer, botas rústicas y cualquier cantidad de collares sobre los hombros, era de pómulos altos, de mirada ladina y de aire solitario. Era indio. Los abuelos y abuelas eran clientes seguros del indio que venía los viernes al pueblo pues, según ellos, él les vendía infalibles remedios, secretos y soluciones racionales en forma de pomadas y unturas para males absurdos y disparatados que les liberaban de más de una mortificación del pasado y que castigaban a plazos con embadurnes y sobos. |
| La isla del tesoro | | Cuentos y relatos globales. 24.04.16 | |  Érase una vez, dos niños que estaban jugando en el parque a los piratas. Eran un niño y una niña, el niño llevaba un gorro negro con una capa negra. Y la niña unos pendientes de calavera, vestía con una camiseta violeta y unos pantalones azules. (No le gustaba la ropa de pirata.) A ellos le encantaban los piratas y cuando se fueron a su casa el niño se puso a leer un cuento de piratas. La niña, claro, le entraba envidia de que su hermano Salvador leía libros de piratas y ella no. De repente vieron un gran barco de piratas, se quedaron boquiabiertos y salieron corriendo a ver quien había dentro. Había un gran pirata conocido por todos, el gran “Garfio”, tenía un mapa, pero no estaban seguros si era de un tesoro o de otra cosa. Llamaron a “Garfio” y de un salto entraron al barco. AMPLIAR
Cristina Ortega Navarro 10 años. Alhaurín de la Torre. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Luis Carlos… Con los zapatos puestos
| | Cuentos y relatos globales. 17.04.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- A Luis Carlos, el zapatero remendón del pueblo, Dios, de conformidad con sus artesanales manos, le concedió también la paciente sabiduría y el don milagroso de hacer resucitar los zapatos viejos. En el pueblo, por mucho tiempo, no hubo otro que viviera del oficio de la horma, la lezna, el cuchillo, el martillo y el yunque; sólo él, Luis Carlos, quien sin competencia ni rivalidad alguna, ejerció y ejercitó su soberanía en la comarca y mucho más allá de su propia jurisdicción, resolviendo de martes a domingo los problemas fundamentales y “espirituales” que deterioran el calzado. Desde luego, Luis Carlos no trabajaba los lunes porque en el mundo los lunes son del zapatero y consagrados a San Crispín y a San Crispino, patrones que ejercieron hace muchísimo tiempo el oficio en épocas de Roma y que devolvieron a muchas personas de caminar imperfecto, según la fe, la forma correcta de andar por la vida sin gastarle al tacón de sus zapatos uno de sus lados… |
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EL MONDONGO de Josefa
| | Cuentos y relatos globales. 10.04.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Dicen Jesús, Carmen y Cristina, mi hermano y hermanas; también lo consideran de este modo, Eliecer Echeverría, Ismael Villarreal, Carlos Hernández, Modesto Olivares, Romelio Padilla y Ernesto Molina, vecinos del barrio; y de la misma manera Plinio Gutiérrez y el profesor Álvarez, que lo mejor de la culinaria local, en todos los tiempos, fue el apetitoso mondongo de Josefa. El padre Guillermo Robles, español él, nativo de Santander en la península Ibérica, haciendo de párroco en nuestro pueblo y toda una autoridad en la práctica de probarlo con buen picante a la hora del almuerzo, igual así lo estimaba, otorgándole al sabroso plato el nombre de altura y de categoría que a éste le dan en la madre patria: callos a la madrileña. Josefa en vida, comprometida siempre con sostener el prestigio de su famoso mondongo, no vacilaba en decir que éste le quedaba más sabroso si mientras lo preparaba iba alrededor de la gran olla susurrando rancheras de olvido entre nostalgias aún vivas y echando en la misma la más valorizada y harinosa yuca junto con la auyama, el plátano, la papa, el maíz y los aderezos del caso; eso sí, sin dejar de estar atizando y atizando constantemente el encendido fogón de leña; resultando de todo aquello un sancocho único, especial y exclusivo, digno de aparecer en los libros de recetas alegóricas a la cocina tradicional y pintoresca. |
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El hombre que jugaba con el fuego
| | Cuentos y relatos globales. 03.04.16 | Ampliar | Walter E. Pimienta Jiménez.- Este era un hombre que tenía una primitiva y prehistórica virtud: jugaba con el fuego y no se quemaba… Que nadie ose hacer esto, lo digo en prevención... como tampoco le propongo a alguien lo intente porque, sencillamente no lo haría igual ya que, reitero, este hombre, con la abnegación de un científico y aún a riesgo de su propia vida, gozaba con su arte y se entretenía con él, a lo mejor llevándose hasta la muerte esa cara de satisfacción y de placer que uno siempre pone cuando sabe que ha hecho las cosas bien. Diré más, diré que a este hombre le apetecía divertirse con el fuego y, como zambulléndose en éste, sin miedo, pienso yo, dado su arduo trabajo, era el viviente que, mientras estuvo en la tierra, más se ha acercado hasta hoy al sofocante infierno sin hacerse parte de las huestes de la chusma del diablo porque él, él fue un hombre bueno, servicial y honesto y a las puertas de la casa de las tinieblas ni siquiera se asoman los buenos ni los serviciales ni mucho menos los honestos sino los que mueren sin agonía y sin Dios... ...De eso vivía este hombre, de jugar con el fuego como cuando uno juega al dominó con un embaucador y en franca contradicción, con dignidad, le reclama por haber querido "meter una cabra"*... Se "apuebló" (es decir, se hizo del pueblo), después de darle novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa y nueve veces la vuelta al mundo y cuando consideró que para llegar al pueblo, no tenía más que empujar suavemente el portón de la honradez... y así lo hizo... encontrando de inmediato para su familia y para él, refugio y hierbas de alivio, de sosiego y estima pues trajo consigo un noble oficio que nadie aquí ejercía: era herrero, herrero de los de antes, herrero de viva y encendida fragua en la que, caldeando los metales al rojo vivo, a éstos volvía domésticos, maleables, complacientes y sutiles..., herrero de martillo aplanador, de yunque de acero, de prensoras tenazas y de reverberante fuelle atizador de llamas que, ocultas, siempre dormían escondidas entre cenizas tibias y coloradas brazas. |
| Exégesis angustiosa de un hombre que se quedó solo | | Cuentos y relatos globales. 27.03.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.Alguien preguntó: -¿Seré yo, Maestro? Y con un: “Tú lo has dicho”, que respondió el Señor, empezó en el salón una gran gritería de asombro entre miradas escrutadoras y dejos de dolor. El hombre que hiciera la pregunta, sintiéndose acorralado por la jauría humana, viviendo su propia pesadilla, al levantarse trabajosamente del asiento que ocupaba en la mesa, nerviosamente tropezó antes con su mano izquierda el tarro de la sal y éste, en forma fatídica, se derramó, al tiempo que de la pequeña bolsa de cuero que llevaba en la otra, se le escaparon unas tintineantes monedas sueltas y, entonces, extinguida por completo su última chispa de fe, salió del lugar mientras a su paso se estremecían los árboles del camino y los perros callejeros aullaban en tono funerario y sepulcral. En el salón, los gritos continuaron. Fueron el principio del fin. Algunos invitados a la gran cena, permanecían aún sentados hablándose al oído y entre sí. Otros, impactados por la terrible noticia, como temblando de fiebre y de frío, trabajosamente se pusieron de pie sin comprender por completo lo que estaba sucediendo. Después, aletargados por la cruda pena, todo fue lamentos, lamentos largos y dolorosos que se quedaron flotando en el silencio de la tarde y fue al arribo de la noche y la madrugada, en otro sitio sembrado de olivos, cuando, de pronto, filosas espadas de conflicto y muerte sonaron seguidas de fuertes pisadas de tropa armada y aquel, aquel que le preguntara: “Seré yo, Maestro”, acercándosele y dándole un beso traicionero en la mejilla, sin tiempo que perder y sin más trampa, a sus captores le entregó… |
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La letra de Casimiro
| | Cuentos y relatos globales. 20.03.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Casimiro era el notario del pueblo y, por haberlo sido, era una de las primeras personas a quienes los padres de familia daban la buena nueva de que a sus hogares había venido un hijo o hija en medio de los retos que antes imponía criar un descendiente como Dios manda. Casimiro tenía un libro grande y foliado donde anotaba con buena letra a qué hora, qué día, mes y año nacía uno; quiénes eran nuestros padres y abuelos paternos y maternos y qué comadrona atendió el parto; es decir, de qué familia procedía el crio. Todo ello atestiguado bajo la declaración y firma de los progenitores y la de los declarantes como lo pedía la ley y con testigos. Lo que hacía el notario del pueblo era algo así como un bautizo sin agua bendita, con la diferencia de que en su oficina se termina de cumplir con el deber de que quien hacía un hijo, no sólo lo bautizaba sino que, igual, lo registraba y lo reconocía con nombres y apellidos para que su hermosa obra no quedara inconclusa y para que lo dicho ante él, fuese así para el tiempo y por siempre… Y todo esto lo escribía Casimiro con buena tinta y con buena letra… Con una letra de perfecto trazo, de recorrido regular y sostenido, ausente de contrastes y pegas, razón por la cual se decía que lo que escribía él –que era como si lo dijera- dicho y escrito estaba y se tomaba con la fe con que se tomaba un auténtico papiro histórico egipcio. |
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¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá!
| | Cuentos y relatos globales. 13.03.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- No hubo en ocho leguas a la redonda del pueblo, cocás más exquisitas, apetitosas, sabrosas, apetecidas y deliciosas al gusto como las que vendía José María Pérez, “el Pollo Pérez”. El más famoso y fino caramelo importado de Europa, no le daba la talla a las pintorescas cocás de coco de José María… …Hasta que éste singular personaje viviera, estuvo en verdaderos aprietos comerciales el vendedor de maní y de otras golosinas con las cocás de José María…éstas eran un agrado, un deleite, un goce, un placer, una satisfacción, un gusto y un regalo de los dioses…, cualquiera las probaba y pedía dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… y le encarga las que tuviera por vender mañana y pasado mañana…Nadie las hacía honradamente igual… ni los griegos ni los romanos que en su tiempo expendían en las plazas de mercado el cristal de azúcar que puede llegar a ser la golosina más antigua conocida… Soy de los que piensa que si en lugar de la consagrada hostia el padre Hernández hubiese dado a sus feligreses, a la hora de comulgar, unas cocás de coco de las que vendía José María, nadie le hubiera faltado a misa porque nada podía en aquel tiempo ser más apreciable, dulce y gozoso al placer humano que el cuerpo de Cristo en forma de una deleitable cocá. José María sabía que la infantil clientela que tenía –entre ellos yo- sólo le permitía como mucho dar dos vueltas al pueblo y que tras él, al grito quedo de… ¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá! Como siguiendo un camino de miel, los chiquillos le acompañábamos haciendo coro a su primorosa industria de fantasía. |
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“El Carlón “
| | Cuentos y relatos globales. 06.03.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez..- “El Carlón” era de pronto en el pueblo el ser más cercano al hombre prehistórico de que hablan los anales de la humanidad. El, entre lejano antropoide y civilizado humano, fue de los que, por lo menos, aprendió a caminar con zapatos guardando el equilibrio sin caerse. Tenía una estatura ancestral de 2.12 metros medido desde la punta del dedo gordo del pie derecho hasta la cabeza y, gracias a Dios, hablaba lo necesario para ser entendido por sus semejantes a pesar de que sus sonidos articulados no pasaban de 185 palabras con las cuales expresaba alegrías, dolores, rabias, molestias, amenazas, dudas, temores, necesidades, sufrimientos y que también le sirvieron, no se sabe cómo; pero le sirvieron, para ganarse el favor amoroso de María, su mujer, quien entusiasta y apasionada, concibió la fórmula de quererlo sin necesidad de serenata y con sólo escuchar de él estas cinco románticas palabras de poesía: “María, vamos a salinos esta noche”. Y así fue. La propuesta fue honrada, dicha con dignidad, como correspondía a un hombre puro que sentía esa vez una catástrofe de amor en el corazón…Y María, sin enfrascarse en exigencias ni excesos, sin padre ni madre que se lo evitaran, emocionada hasta la médula de los huesos del alma, vio en “el Carlón” a un “actor de cine” y éste, cargándola en sus hombros, se la llevó para el monte sonriendo satisfecho. |
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LOCOS de pueblo
| | Cuentos y relatos globales. 28.02.16 | Ampliar | *Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás. Albert Einstein (1879-1955) Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Como todo pueblo que se respete y diferencie, el mío tiene sus locos…siempre los ha tenido… hasta para exportación. Los tenemos de las siguientes clases y con estas importantes características: Locos cuerdos; locos-locos; locos que se hacen los locos; locos que dicen la verdad pero que por ser locos, nadie les cree; locos contundentes (estos son los que llevan una peligrosa tranca en las manos dispuestos a lo que sea); locos mansos; locos tricotilomanos (los que se arrancan el pelo); locos licántropos (que se creen un animal); locos viejos (los que no se cansan de ser locos); locos autodefinidos (los que se dicen ellos mismos loco); locos directos (los que lo son por herencia); locos inteligentes, locos científicos, locos psicóticos, locos políticos, locos marihuaneros,…y pare de contar…Desde luego, no daré nombres propios, llámelos usted como el común de la gente: Juan, Luis, José, Jaime, Walter, Fermín, Andrés, Tomás… Homero… El caso es que vivimos en un pueblo de locos…locos chateadores; locos de los celulares; locos del Facebook; los locos del whatsapp; locos que preguntan a otros locos por qué son locos y éstos otros locos que saben las respuesta, no la dicen; locos apocalípticos (los que siempre hablan del fin del mundo afectados por el fanatismo religioso); locos mecánicos a los que le falta un tornillo o les sobra; locos que creen que la tierra es plana; locos que lo recuerdan todo y que no recuerdan nada; locos que se hacen los pendejos y duermen en camas ajenas; locos que les duele todo (hasta el culo); locos que aseguran que el Ave María pone huevos; locos que quieren volverse locos cuando dicen: “me voy a volver loco”…en fin… |
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EL DIABLO ya no sale
| | Cuentos y relatos globales. 21.02.16 | Ampliar | *Más sabe el diablo por Facebook, que por diablo. Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Desde el instante mismo en que al pueblo le instalaron el servicio público de alumbrado eléctrico, en éste, al decir de los abuelos ya no sale el diablo que a fuerza de estar en todas partes y en ninguna a la vez, parece haber renunciado a su propósito de seguir siendo el dueño de las malas horas y de los desventurados ratos. El rey de las tinieblas, el rey de la noche, con la autoridad y el mando que le confirió su creador (que al parecer fue él mismo), antes, oloroso a azufre, echando candela por los cachos y otros nauseabundos gases y vapores por el culo, batiendo su incandescente rabo como toro bravo encerrado en corraleja, otrora se paseaba por las calles de la población en cumplimiento de los dramáticos episodios de su vida y, al lúgubre aullido de los perros cagados de miedo, sin más aclaraciones y sin tener que irse al diablo, estrepitosamente se hacía sentir porque el diablo anteriormente si era el diablo… |
| Me quedo contigo | | Diana Fe Balint Rivas. 14.02.16 | |  Con la taza de café entre las manos, Joanna se entretiene mirando cómo la lluvia repiquetea en el alféizar de la ventana. Apenas había podido dormir en toda la noche y, llegadas las cuatro de la madrugada, había resuelto que era mejor poner fin a la lucha con la almohada, aceptar la derrota y aguardar en pie hasta que el despertador sonara. No se sentía en absoluto cansada, de hecho, se notaba más despierta que cuando dormía a pierna suelta. Aburrida sí que estaba, pero ya había asumido que ese era su estado permanente. Harta de la monotonía de la lluvia, Joanna se aparta de la ventana y sin soltar la taza de café, se dirige hacia la estantería del comedor. Un libro la entretendría hasta que dieran las seis e igual, con un poco de suerte, podría ayudarla a conciliar el sueño. Desliza el dedo índice por los lomos de las encuadernaciones buscando un título apetecible. El Asno de Oro capta su atención, ¿por qué lo compraría? ¡Ah, ya se acuerda! Fue uno de los primeros regalos de Jaime. Nunca llegó a leérselo entero, pero una de sus historias la había tenido enganchada durante un tiempo. Entre las primeras páginas encuentra una florecilla seca. Desde pequeña le gustaba utilizar flores silvestres a modo de marca páginas en los libros; encontrar esa flor en particular, despierta un recuerdo en su memoria que le produce mariposas en el estómago. Ampliar en el blog Sopa de letras y relatos |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
VICENTE, el peluquero
| | Cuentos y relatos globales. 07.02.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Vicente hubiese querido ser en la vida un gran detective en lugar de peluquero; pero ya se sabe que uno en este valle de lágrimas no es lo que quiere sino lo que puede. En la muelle comodidad de una hamaca estampada a rayas, de esas que hacen a mano en Morroa, a la sombra de un frondoso palo de mamón donde la guinda y mientras sus clientes no le solicitan los servicios de su eficiente tijera marca “Barrilito”, fumándose a placer tres paquetes de “Cigarrillos Pielroja” al día, aprovechando el placer de no hacer nada, hasta la fecha Vicente se ha leído con la de hoy, seiscientas treinta y cinco novelas policíacas de bolsillo, buscando en la lectura de ellas una forma distinta de descifrar el enigma que estas encierran y, a su modo, dar captura a los delincuentes que en las mismas pululan, poniendo en el imaginario acto un poco de más espectacularidad original. - ¿En qué piensas?-le pregunté ayer al verle sentado en su propia silla de peluquería como con ganas de automutilarse de la manera más complicada con trucos de humana estupidez. - En que todavía no he podido dar con el verdadero asesino de Dan Lerner, muerto a cuchilladas por el problema de una herencia – me respondió y agregó- presumen que fue Mary Seward, pero ella es inocente. Voy por la página setenta y siete y sospecho que lo mató Lynn Greener, su sobrino, en complicidad con Ingrid Laskas, una cuñada con quien tuvo a ocultas un enredo amoroso. |
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Noche de trompeadores
| | Cuentos y relatos globales. 31.01.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Cuentan en el pueblo las personas que lo vieron y que luchan contra la metafísica del olvido, que cuando Cayetano cierta noche de octubre por un malentendido en el juego de cucunubá* peleó a las trompadas con “Martín Yuca Asá”, la histórica faena de leyenda le dio dos veces la vuelta a la Calle del Repaso de punta a punta, portándose cada uno de los rivales a la altura de su casta. Aquella vez, voces a grito confesas también dijeron que había ganado Cayetano, y otras que Martín sin que en la acalorada y ardiente discusión entre seguidores de uno y otro, se hubiese llegado enteramente a un acuerdo. Dejo por ello escrito, ante todo, que sin haber sido “cayetanista” ni “martinista”, esta crónica no tuerce por el triunfo de uno de ellos y que me considero más bien en la obligación de valorar, según lo investigado, que fue aquella pelea, la pelea del recuerdo…, y sin la intensión de entablar con alguien una estéril polémica, confieso que las alabanzas prodigadas bien a Cayetano o bien a Martín, merecidas por cierto, juzgan que el lance fue limpio, sin ventajas, honrado, como correspondía a los hombres de antes a la hora viril de definir a las trompadas un disgusto que ningún perito en insultos, agravios y afrentas, allí presente, podía evitar y cuando el sano juicio entre adversarios, a pesar del ultraje, tenía aires de caballerosidad. |
| Una mujer moderna
| | Cuentos y relatos globales. 23.01.16 | Ampliar | Erase una vez una chica llamada Stella. De profesión ingeniera, era de las pocas jóvenes privilegiadas que había conseguido independizarse antes de los treinta. Vivía en un apartamento corriente, situado en un barrio normal, de esos que no son tan glamurosos como los de Beverly Hills, pero menos vulgar que el South Bronx. De lunes a viernes, Stella trabajaba en la oficina de una constructora. No era el trabajo de sus sueños, pero el sueldo le daba para cubrir los gastos e, incluso, podía concederse algún que otro capricho. A pesar de tener una vida en apariencia plena, Stella no era feliz. Con el propósito de mejorar su figura, acudía cada tarde a un duro entrenamiento en el gimnasio. Su hipermusculado entrenador personal, la sometía durante dos horas a un ejercicio insólito; lo último en el mundo fitness. Consistía en colgarse de un arnés y levantar pesas a la vez. Los buenos resultados estaban garantizados, sin embargo, Stella seguía viendo la misma flacidez en sus muslos que antes de alistarse a semejante milicia fit. Luego estaba la dieta del momento: la del licuado. Un buen seguidor de este régimen se nutría principalmente a base de extraños brebajes, sin importar cuales fueran sus propiedades organolépticas. Los ingredientes se compraban en herbolarios especializados en plantas que eran tan exóticas como transgénicas. Stella ya ni se acordaba de la última vez que había entrado en un supermercado corriente y moliente. |
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UN CONSEJO de “el Viejo Rome”
| | Cuentos y relatos globales. 17.01.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Según Romelio, “el Viejo Rome”, todo un personaje “fumarolo” del pueblo, el mejor día para retratarnos es el viernes porque tenemos cara de haber dormido bien y se hace uno digno de que le saquen un retrato para orgullo y engreimiento de la familia: -“La vieja Clara (refiriéndose a su mamá), cuando yo era niño, aprovechaba tal ocasión y, de una, antes de que cayera “la cheno” (la noche), me llevaba a Barranquilla a tomarme una fotografía procurando que con un “bombobúm” entre manos, no se me pasara la momentánea cara de pelao bueno que tenía”- refiere. Al apreciado amigo quise esa vez hacerle decir sobre el particular una razón más juiciosa para entenderle el concepto y entonces, concluyente, terminante, incuestionable y apodíctico, dijo: -“Hombe sí, “Viejo Pimie” (para referirse a mí por mi apellido), se lo recomiendo a todos, no ve que el “viernal” (el viernes) es la víspera del capri se finí” de semana y todo mentalmente cambia si uno se prepara para salir de weekend”. Pienso, en honor de la verdad, que la recomendación de “el Viejo Rome”, no está para nada mal… Y tengo en la impresión de que, en efecto, los viernes (o los viernales, como dice él), no sé por qué cosa, aparte de lo que el amigo expone, todos como que amanecemos con la mejor cara disponible para cumplir con el santo y patriótico deber de hacernos un retrato para la vida en el que saliendo tan exactos, tan precisos y tan verdaderos, finalmente nos parezcamos a quien tenemos que parecernos: a nosotros mismos… |
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Noche de trompeadores
| | Cuentos y relatos globales. 10.01.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Cuentan en el pueblo las personas que lo vieron y que luchan contra la metafísica del olvido, que cuando Cayetano cierta noche de octubre por un malentendido en el juego de cucunubá* peleó a las trompadas con “Martín Yuca Asá”, la histórica faena de leyenda le dio dos veces la vuelta a la Calle del Repaso de punta a punta, portándose cada uno de los rivales a la altura de su casta. Aquella vez, voces a grito confesas también dijeron que había ganado Cayetano, y otras que Martín sin que en la acalorada y ardiente discusión entre seguidores de uno y otro, se hubiese llegado enteramente a un acuerdo. Dejo por ello escrito, ante todo, que sin haber sido “cayetanista” ni “martinista”, esta crónica no tuerce por el triunfo de uno de ellos y que me considero más bien en la obligación de valorar, según lo investigado, que fue aquella pelea, la pelea del recuerdo…, y sin la intensión de entablar con alguien una estéril polémica, confieso que las alabanzas prodigadas bien a Cayetano o bien a Martín, merecidas por cierto, juzgan que el lance fue limpio, sin ventajas, honrado, como correspondía a los hombres de antes a la hora viril de definir a las trompadas un disgusto que ningún perito en insultos, agravios y afrentas, allí presente, podía evitar y cuando el sano juicio entre adversarios, a pesar del ultraje, tenía aires de caballerosidad. …Y a ello me remito. José Rocha, serio y respetado señor, dijo por caso que ganó Cayetano; por su parte Joaquín Daniel consideró que Martín, en tanto “el Churre”, armando una alharaca en una esquina de la plaza, también opinó que Martín; mientras que Álvaro Pacheco, soltando un arsenal de palabras de guerra y refriega en español atravesado, especialista en estas lides, señaló que Cayetano, pero que él, si ambos le buscaban pleito, le ganaba a los dos juntos con una sola mano el mismo día. |
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Corín Tellado en el pueblo
| | Cuentos y relatos globales. 03.01.16 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Corín Tellado (María del Socorro Tellado López, Asturias, 25 de abril de 1927 - † Gijón, 11 de abril de 2009), jamás estuvo en persona en el pueblo, pero de ningún modo faltó como consagrada y meritoria escritora de fotonovelas que horadaban en el corazón. La respetable dama, por lo regular, “se presentaba” cuantas veces podía a las casas de las jovencitas que querían tener un novio como los que ella hacía aparecer en sus asiduos relatos de amor, siendo dueños de una capacidad amatoria puesta a toda prueba y que en su lirismo verbal, superando intrigas; superando desigualdades económicas y sociales, infidelidades y malos ratos, brotaban de su romántica pluma purificados y sanos para amar de verdad estremeciendo de envidia a los malos amantes. Nunca dejaron de tener los galanes de las fotonovelas de Corín Tellado un gesto señorial, unas sonrisas blancas gracias al “pedsoden”* de la época; un correcto peinado que sólo se conseguía usando “Brillantina Moroline”* dejando en el ambiente la fragancia de la María Farina*, siendo dueños, además, de una habitual figura atlética como dibujada a lápiz en tiempos de Rafael* y con caras de tontos buenos en sustancia, por lo cual las apasionadas juveniles lectoras hacían de cada relato tres lecturas: una, la textual y sustanciosa asomadas a la máquina de escribir de la famosa escritora siguiendo con pasión la impecable trama revenida de un enredo que página tras página pasaba a la categoría embrollo, después a la de lío y luego a la de treta con adornos infaltables de complot, misterio, enigmas, desdichas, calamidades y celos; y las otras dos lecturas las realizaban con la mirada con que mira el amor platónico, fijas en la figura del airoso, gallardo y apuesto protagonista rompecorazones perfecto para marido, razón por la cual, en el desbordamiento de la pasión, las aldeanas buena gente, de súbito y entre ellas, ponderando la belleza del bizarro divo que les derretía, en sus desasosiegos adolescentes se prestaban las fotonovelas entre sí para no acabar agarradas por los pelos interrumpiendo así vergonzosamente la tranquilidad pastoral del pueblo en medio de una catástrofe pavorosa. |
| Tras la cola de Carla | | Lydia Tapiero Eljarrat. 01.01.16 | Ampliar |  La cola recogida, ningún pelo fuera, ni levantado. Todos alineados al milímetro. Nada se le escapaba a Carla, desde que se compró el pequeño espejo con lupa su cabeza podía pasar por una bola de billar y no importaba lo espesa de su cabellera. Su cabeza siempre brillaba negra y redonda. Un día el espejo de Carla se rompió, ella miró al suelo, decenas de cristales le devolvieron una imagen deforme de ella misma. Se asustó y con las manos temblorosas intento recomponer el peinado, pero mirara al espejo que mirara, nunca conseguía verse completa. En ese momento la vida empezó a parecerle demasiado imprevisible, y con un gran esfuerzo por su parte salió mal peinada a la inseguridad de la calle, en busca de un espejo idéntico. El primer día se alejó dos manzanas, no se atrevió a más, cada mirada con la que se cruzaba, le devolvían a una Carla desconocida. Fue el tercer día, frente a una tienda de espejos, cuando un niño se paró junto a ella y el reflejo de ambos quedó atrapado tras el vidrio. Sin poder moverse, hipnotizada por la inocencia de unos ojos color miel, Carla se reconoció a si misma, completa y pura, encogiéndose hasta la altura del pequeño, con dos trenzas caobas que le llegaban a media espalda y un mechón revuelto detrás de la oreja. El tiempo la devolvía diez años atrás, simple y divertida. Que había cambiado tanto, quizá fue la muerte prematura de su padre, las noches de hambre en el pueblo, las ausencias de su madre, su nueva boda, la necesidad de ser aceptada por su nueva hermana, o quizá la ciudad que la obligaba a un orden. |
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Diciembre y su cielo de ayer a hoy | | Cuentos y relatos globales. 27.12.15 | Ampliar | *Pinta tu cielo de diciembre o tu diciembre de cielo…todo es posible si crees. Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Ningún mes del año en el pueblo tenía el esplendor de las noches de los diciembres de ayer con una Luna, unas estrellas y luceros que brillaban como gemas formando grandes señales incomprensibles en la afelpada negrura del firmamento. Era el diciembre de ayer el mes en que, a manera de recreación y desocupación, los abuelos exploraban el firmamento convertidos en rastreadores de extraviadas y coquetas constelaciones que desde lo alto, decían ellos, les hacían un guiño amoroso…Yo, sin entender de esto, llevado por la curiosidad y la necesidad de volverlo todo real, levantaba la vista al firmamento en las tranquilas y claras noches de ese tiempo y alguna vez vi asombrado que, a mis ojos, todas las estrellas parecían blancos y fúlgidos cristales que Dios, cuando niño, jugando de acróbata, allá arriba dejó colgadas para fascinación de la humanidad y para que sólo en diciembre, un cielo de frutos encendidos pudiera siempre apreciarse diverso y original. “Los foquitos del cielo alumbran más en diciembre- decíamos los niños de antes y la descripción, dando testimonio de colorida acuarela, advertía en nosotros el gusto por la pintura celestial que en temporada de adviento, con campanas al vuelo, nos decían que la gracia de Dios vive para siempre en cada humano corazón y en la pequeña iglesia blanca de la aldea donde un armonioso concierto de villancicos enseñaba el tradicional espíritu abierto y generoso de quienes, al son de maracas y panderetas, con fe, esto cantaban: |
| 'La llama del recuerdo' | | Diana Fe Balint Rivas. 13.12.15 | Ampliar | |
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Era época de exámenes finales
| | Cuentos y relatos globales. 06.12.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Los jurados: don Arturo Jiménez, juez municipal; don Drigelio Arteta, inspector de educación; don Avelino Padilla, alcalde municipal , y “la Niña Ramona”, en representación del padre Robles, cura párroco; vestidos de gala, se hicieron a una mesa larga de manteles blancos sobre los que estaban la campanilla del orden, un florero de cristal con flores de coral, la bandera de Colombia en pliegues de libertad, el globo terráqueo y siete frascos grandes y bocones llenos de papeletas recortadas y marcados con las siguientes leyendas: historia y geografía, zoología, mineralogía y botánica, gramática y lengua castellana, matemática y geometría, religión y catecismos, cívica y urbanidad. Medio pueblo, apretujado y expectante, para presenciar los exámenes orales que daban término año escolar, se había volcado esa mañana a la escuela de varones. Era noviembre. En correcta fila doble y organizad de menor a mayor estatura, procedentes del patio de recreo, pálidos y en silencio, al inquisitorio recinto y consumidos por el miedo, entramos los estudiantes ocupando nuestros pupitres de reos. Lucíamos todos, pantalón de lanilla turquí; camisa blanca de mangas largas; corbatín negro y zapatos “Grulla” igualmente negros y relucientes. A mí me temblaban hasta las vértebras y, con expresivo terror, miraba el rostro de mi madre al otro lado del ventanal de vidrio como queriendo estar con ella. |
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El picó de Juancho y… “aquellos ojitos verdes”
| | Cuentos y relatos globales. 29.11.15 | Ampliar | La música ofrece a las pasiones el medio de gozar de sí mismos. -Federico Nietzsche-Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Se cree, con toda certeza y seguridad entre las gentes del pueblo, que cuando Juancho Tejera tuvo su picó* de motor, ya que en el sitio carecíamos del servicio de energía eléctrica, el disco que éste más hizo sonar en él, fue la conocida ranchera “Ojitos verdes”. Al respecto Juan Ventura Molina, ordenado estadígrafo por vocación y afición, fiel y honesto seguidor de tan singular distracción y divertimento en su juventud, empeñado en el acertijo de saber en forma exacta cuántas veces sonó dicha pieza musical en el tocadiscos del mismo aparato, señala –para que la importante información no se quede en el olvido- que ésta llegó a escucharse en 255.254 ocasiones en un disco del “Sello Fuentes”, grabado por Antonio Aguilar a 38 revoluciones por minuto, lo cual, según el mismo informante, quiere decir que éste dio 9.699.652 vueltas sobre el plato giratorio de dicho dispositivo mientras el mismo tuvo cuerda y gasolina y hasta que aquella pasta con un orificio en el centro y en forma de torta no se rayara o deteriora por el uso y el abuso. |
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Aprendiendo a leer y a escribir en la escuelita de “La Niña Pau” (II)
| | Cuentos y relatos globales. 22.11.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.Walter E. Pimienta Jiménez.- En la escuelita paga de “La Niña Pau”, maestra por vocación y a quien Dios concedió el don de enseñar en guerra abierta contra el analfabetismo, gracias a su acertado método pedagógico del silabeo y a la llamativa cartilla “Alegría de leer”, que con coloridos dibujos despertaba la imaginación en la comprensión de un texto, aprendieron a leer y a escribir los niños del pueblo y yo con ellos. Tenía “La Niña Pau” (Paulina Tejera), la bondad de comunicarnos el placer de la lectura y la escritura copiando de un pequeño tablero las letras deformes de la palabra mamá, en angustiosa tarea de llenar una hoja de cuadernos que se nos hacía inacabable. Yo, hacía las dichosas planas pero pienso que ella me las imponía para mantenerme ocupado, mientras atendía al resto de compañeros que en fila iban hasta su mesa de trabajo a mostrarle sus garabatos salidos de los renglones y de los márgenes, convertidos en bolitas deformes o emes de más de tres patas; asunto complicado para todos que, por lo general, nos hacía recibir de nuestra maestra esta desagradable orden: ¡Repítala!..., con reacciones de niños un tanto perezosos y que ante la nueva obligación, con estas preguntas o justificaciones, enseñándole el escrito, contestábamos: “¿Seño, hasta abajo?... “Seño, fue que se me partió la punta”… ¿Seño, y hoy no hay recreo?...”Seño, me salió torcida”… ¿Quién me presta un borrador? ¿Seño, la puedo terminar en la casa? |
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Aprendiendo a leer y a escribir en la escuelita de “La Niña Pau” | | Cuentos y relatos globales. 15.11.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- En la escuelita paga de “La Niña Pau”, maestra por vocación y a quien Dios concedió el don de enseñar en guerra abierta contra el analfabetismo, gracias a su acertado método pedagógico del silabeo y a la llamativa cartilla “Alegría de leer”, que con coloridos dibujos despertaba la imaginación en la comprensión de un texto, aprendieron a leer y a escribir los niños del pueblo y yo con ellos. Tenía “La Niña Pau” (Paulina Tejera), la bondad de comunicarnos el placer de la lectura y la escritura copiando de un pequeño tablero las letras deformes de la palabra mamá, en angustiosa tarea de llenar una hoja de cuadernos que se nos hacía inacabable. Yo, hacía las dichosas planas pero pienso que ella me las imponía para mantenerme ocupado, mientras atendía al resto de compañeros que en fila iban hasta su mesa de trabajo a mostrarle sus garabatos salidos de los renglones y de los márgenes, convertidos en bolitas deformes o emes de más de tres patas; asunto complicado para todos que, por lo general, nos hacía recibir de nuestra maestra esta desagradable orden: ¡Repítala!..., con reacciones de niños un tanto perezosos y que ante la nueva obligación, con estas preguntas o justificaciones, enseñándole el escrito, contestábamos: “¿Seño, hasta abajo?... “Seño, fue que se me partió la punta”… ¿Seño, y hoy no hay recreo?...”Seño, me salió torcida”… ¿Quién me presta un borrador? ¿Seño, la puedo terminar en la casa? |
| Entrevista a Lydia Tapiero Eljarrat, autora del libro 'El cartero del mar' | | Canal Alhaurin.com en Youtube. 13.11.15 | | |
| Mil trescientos días junto a mi madre
Ampliar | | Cuentos y relatos globales. 08.11.15 | | Este relato de Manuel Porcel publicado en Alhaurin.com en el año 2004 siempre me llamó la atención y hoy queremos recordarlo en esta sección de Cuentos GlobalesSabía que pasaba algo. A esa hora en concreto. En breves momentos lo comprobaría. Entre lo rosado y turbio de mi cerrado ambiente, sabía que pasaba algo como preludio de lo que acontecería a continuación y como era ya habitual todos los días. Ese olor a puchero, gachas, aceite tostado, a leña, junto con el retumbar de las cuatro campanadas de la torre de la iglesia marcando la sobremesa, las cuatro de la tarde. Las cuatro campanadas marcaban el punto álgido de toda la actividad mañanera de mi madre, mi padre iba a llegar del trabajo. Lo dejaba todo para final, por eso se agobiaba. Acababa de cumplir los veintidós años, recién casada y muy ligada a su madre, mi abuela. Notaba un notable jadeo mas que de cansancio, de preocupación, sentía gran fluir de sangre por mi pequeño cuerpo señal inequívoca de que las pulsaciones de mi madre iban en aumento por segundos.
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| Desayunos de la infancia
| | Cuentos y relatos globales. 01.11.15 | | Por Esperanza Mas Llabrés.- Pablo y Fabián iban a la misma clase y los dos miraron al mismo tiempo sus relojes; faltaban tan sólo cinco minutos para que el timbre indicara el final de la última asignatura de la mañana. Los dos hermanos estaban eufóricos por llegar a casa. Allí les estaba esperando alguien muy especial, Danko un cachorrito de tres meses muy juguetón y espabilado, que su tío Felipe les había regalado. Tenía unos grandes ojos marrones y su pelo era de color negro azabache, pero había puesto como única condición que siempre cuidarían de él, Pablo y Fabián así se lo habían prometido. Fabián echó una carrera a Pablo del colegio hasta su casa y le ganó. Estrepitosamente los niños entraron en casa y allí estaba el perrito en el patio trasero mordisqueando algunos juguetes y hecho un ovillo sobre una manta. Los chicos empezaron a hacerle carantoñas y como era viernes disponían de todo el fin de semana para enseñarle algunas cosas. AMPLIAR |
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La palabra etcétera
| | Cuentos y relatos globales. 25.10.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Cuando la profesora Ruth Lechuga, maestra de la escuela elemental en el segundo curso de enseñanza primaria nos enseñó el significado y el uso de la palabra etcétera, diciéndonos que ésta es una voz que se emplea para interrumpir el discurso indicando que se omite lo que queda por decir, todos en el curso empezamos a usarla como una útil y secreta herramienta en el embrollo de escribir vocablos que tienen el mismo sentido o cuando, invaluable dentro del idioma, en forma oral, echábamos mano de ella sin desistir en el propósito de considerar que, para lo que más sirve es para recortar las largas plegarias y jaculatorias en la misa, sin que éstas pierdan el alcance y la virtud de que nos pueden ayudar a conseguir lo que queríamos si las mismas (las plegarias y jaculatorias), se recitaban con devoción y con fe y, entonces, a la hora de un padrenuestro en la eucaristía, ayudados por el encubierto conocimiento y en estrecha relación con ella ( con la palabra etcétera), no faltaban quienes en el ejercicio y práctica desmedida de ésta, así lo hacían: “…Padrenuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre etcétera, etcétera, etcétera…, evitándonos así complicaciones de manera directa al no sabernos por completo la extensa rogativa eludiendo de paso, penosas equivocaciones al revolver el “yo pecador me confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros hermanos”…con el “Dios te salva María, santificado sea tu nombre”… y en tal caso, todo lo remediábamos con un largo y audible ameeeennn que retumba en la en la iglesia y que, como cucharadita salvadora, empleamos con interés especial al final de todas las preces e invocaciones. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Gutiérrez, el cazador
| | Cuentos y relatos globales. 18.10.15 | Ampliar |  *Considero que la caza, tal y como se desarrolla actualmente en nuestro país, y no en los tiempos de Eusebio Gutiérrez, es una actividad inaceptable, debido al grave deterioro ambiental que genera, y en ningún caso puede ser considerada como una actividad deportiva. Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez .- Gutiérrez, el cazador y armero del pueblo, se vino del suyo con su mujer y sus hijos dejando allá alguna triste soledad o lo que fuera…Llegó con los suyos y con sus perros por un camino difícil pues era invierno. Gutiérrez, como todo buen cazador, caminaba despacio, con cautela, oteando el aire y los montes porque también olía la presa. Gutiérrez contestaba preguntas con un intrincado idioma que le permitía en forma prudente ahorrar palabras y así mantenía un equilibrio presupuestal de opiniones y conceptos que usaría en futuras conversaciones. |
| Crónicas del otro Macondo - Historias para ganarle al olvido- Era 3 de octubre
*Las abuelas nunca se escapan de abrazos o galletas | | Cuentos y relatos globales. 11.10.15 | Ampliar | Escribe Walter E. Pimienta Jiménez .- La media mañana de aquel 3 de octubre refulgía gloriosa y la casa de mi abuela Cristina se había vestido de gala, de alegría, de paz y de amor en el Señor. Ella, vestida de clásica ingenuidad, exhibía su vestido de elegancia, el de florecitas moraditas; calzaba, además, finas chinelas de pana negra aterciopeladas y lisas. Olía a extractos y a esencias buenas y, del fortín de su cocina salían emanaciones benditas y bienaventuradas que presagiaban el agradable sabor de un sancocho de gallina. El “Ron Blanco” y el “Vino Moscatel”, infaltables en todos sus ratos sociales y congresos consanguíneos, esparcían también en el ambiente olores a fiesta, juerga y convite. Rosana, la vecina de enfrente, ardía en furia por no haber sido invitada, pero se consolaba porque sabía que al final del evento mi abuela le mandaría una presita*, y fiel a su costumbre de querer saberlo todo, sin prohibición alguna atisbaba inquisidora por una de las ventanas de su casa. La celebración sería por todo lo alto; allí estábamos todos los de la parentela. Nadie quiso perderse la fiesta porque los cumpleaños de mi abuela siempre eran sensacional. Todos habíamos llegado cargados de obsequios y envoltorios que ella recibía agradecida obsequiándonos a cambio una totumada de fuerte y embriagante chicha de yuca preparada tres días antes por mi abuelo Hernán en el bote donde él cuajaba la leche y hacía los quesos… Como todos los años había baile y cantos y una vez más mí tío Goyo, el cantor de la familia, cantaría tangos de Carlos Gardel y mambos de Pérez Prado.
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| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- Prima Cristi | | Cuentos y relatos globales. 04.10.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Cuando conocí a la “prima Cristi, yo era un niño y ella ya había perdido la vista. Estaba tullida en una cama de lienzo y al verla la consideré la mujer más remota de la humanidad, llevando una vida que había tenido comienzo pero que parecía no tener fin, acumulada en algo más de 120 años de larga existencia “Prima Cristi” había perdido la vista pero no el oído; hablaba rimado, a la usanza de los españoles del Siglo de Oro y como si conociera a los nuevos vecinos que le hacíamos preguntas en otro idioma, o no en otro idioma sino en el mismo de ella pero confundido por el uso de palabras nuevas que no comprendía y por vocablos viejos que habían perdido la orientación ahora envejecidos y en extremo arcaicos. Asistida por Conchita, su hija, “Prima Cristi” era también un inexplicable ser aún vivo. Le daban la comida a cucharadas igual que a un niño; masticaba sin dientes y avisaba a gritos cuando presentía que iba orinar o a disponer de lo otro por apremiante necesidad. |
| Crónicas del otro Macondo. -Historias para ganarle al olvido- El loro godo de Rita Andrea
| | Cuentos y relatos globales. 27.09.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Quien en su tiempo lo vio y lo oyó, lo dirá mejor que yo: era pública la gran admiración que la gente del pueblo sentía por el elocuente loro de Rita Andrea quien, azuzándolo y enseñándole vituperios y prediques contestarios, a través de él, punzaba el orgullo de los seguidores del partido liberal pues la asombrosa ave, igual que ella, era godo recalcitrante; tanto así que el conocido estribillo que estos pajarracos de memoria siempre así recitan: lorito real, visto de verde y soy liberal, en su voz, nunca alabó la conocida rutina porque no sentía, para nada, afecto alguno por esta doctrina o partido político hasta el extremo despreciable, prosaico y frívolo que en el extremo de su cantaleta, artificio de su expresión, esto siempre decía: lorito real, visto de verde y soy conservador… y en cuanto a lo otro, es decir, lo que faltaba a su cantinela que era: corre, corre lorito que te coge el gato… , los miedos gatunos no tenían en él efecto alguno ya que su ánimo anti felino ponía las cosas en su lugar cuando, volviendo a las andadas con las cuales todo lo ridiculizaba, se decía: pa’ jodé a Rita, que gato ni qué carajo… y, entonces, más vivo que nunca, se sacudía las plumas y a carcajadas se reía. No faltaban en el pueblo quienes aplaudieran las peroratas incendiarias del loro de Rita Andrea. Había que oírle y verle –como lo dije al inicio- repartiendo tramojazos ofensivos contra el cura liberal en tono de ateo, y contra el alcalde de quien esto versos decía: |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- “Jaime, el enmascarado de plata”
| | Cuentos y relatos globales. 13.09.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Yo no sé qué hizo Jaime, el de Josefa, la máscara de “Santo, el enmascarado de plata”, que de niño se ponía; tampoco sé cómo la consiguió: el asunto era que él, en nuestros juegos infantiles de barriada, personificaba al héroe de los “paquitos” con la careta de quien, por vocación de justicia, ocultando su rostro, en cada versión de sus historietas, siendo capaz de enfrentar al mismisimo demonio, ponía tras las rejas a lodrones y criminales de la peor catadura pero con la diferencia de que esta versión infantil del famoso personaje, es decir, la de Jaime, era de piel morena decente. Yo, entre tanto, quería ser Tarzán, pero sentía vergüenza de salir a la calle en guayuco, húerfano además de selvas carentes de leones, tigres, cocodrilos, boas y y chimpances con los cuales llevar a cabo mis intrépidas aventuras, por lo cual, en los roles de nuestras parodias, siempre hice de vulgar “bandolero”, llevando en el cinto la chifladura de un revólver de palo montado con legítimas y mortales balas de ¡Pa¡ ¡Pa¡ ¡Pa!..., de calibre onomatopéyico y que dejaban a Galo, el de Conchita, jadeante y agonizando en el piso, “cruzando el umbral de la muerte” y con quien tenía la cortesía universal de cerrarle los ojos como se hace con el más natural de los muertos. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- Lo que el viento se llevó
| | Cuentos y relatos globales. 06.09.15 | Ampliar | Escribe Walter E. Pimienta Jiménez.- Alguna vez, de niño, como de ocho años de edad, presencié un ciclón. En el pueblo, ni antes ni ahora ha habido meteorólogos. El Almanaque de Bristol lo anunciaba todo y solamente mi abuelo Hernán, después que yo se lo leyera, prestaba atención de ello, nadie más, y de haber sido lo contrario, ¿qué se hubiese podido hacer esa vez contra la fuerza imparable de aquel suceso del diablo? Que los huracanes, a pesar ser devastadores se convierten en algo útil, trataba de convencerme en tal tiempo mi maestro de cuarto elemental, aduciendo que éstos arrastran las semillas y las hacen viajar de qué manera hasta los sitios donde luego nacerán; pero sin contradecirlo, me quedé callado porque no pude hallar la manera de decirle que no son para nada pacíficos ni sosegados a juzgar por una fotografías de prensa que de uno de ellos logré observar publicadas en un periódico y que por lo leído tuvo lugar en el Japón. Las dicientes gráficas mostraban casas en el aire como si fueran de cartón. Aquello me impresionó tanto, de modo que no sé qué utilidad le vía mi profesor a los “dichosos” vendavales… |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- La chica de la minifalda
| | Cuentos y relatos globales. 30.08.15 | Ampliar | *Nadie enseña tanto como una mujer en falda corta.Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Ayer, en horas del mediodía, conduciendo un lujoso auto rojo, llegó al pueblo una hermosa mujer rubia, alta, de torneadas piernas, senos pronunciados, ojos color miel y piel suavemente trigueña. Lucía la vistosa y atractiva visitante una blusa blanca, cómodas zapatillas de caminante, bolso moderno y una minifalda a cuadros escoseses que quitó la tranquilidad. Era la hora del almuerzo y aquella invención caida del cielo, olorosa a vida y a bueno, con el clasisismo y academicismo admirable de las mujeres finas, decorosamente se sentó a la primera mesa que encomtró disponible en el restaurante de Josefa. La inesperada presencia de la mujer de la minifalda desequilibró la doméstica estabilidad emocional y moral de los hombres que, en ese momento, merodeando por el lugar, se percataron de su arribo y fue esto lo que motivó, de parte de ellos, un súbito desbordamiento de comensales en el restaurante quienes con tal de estar allí, ordenaron almuerzos ligeros que consumían sin prisa prolongando el soberbio instante y así dar crédito a lo que de la manera más agradable, sin disimulo y con algo de curioso morbo, desde sus sitios miraban. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- Belisario, un hombre as
| | Cuentos y relatos globales. 16.08.15 | Ampliar | Escribe Walter E. Pimienta Jiménez.- Hablemos de Belisario Molina como si estuviese vivo (porque lo sigue estando en el recuerdo noble de los suyos y de quienes le conocimos y tratamos), y digamos de él que ha sido el único mortal que haciendo de eficiente empleado público, en los distintos cargos que desempeñó en la alcaldía del pueblo, dada la simpatía de que siempre gozó, le tenían prohibido renunciar cada vez que un nuevo burgomaestre de ribetes liberales o conservadores, con un discurso escrito en verso se posesionaba como primera autoridad municipal luciendo un vistoso saco a cuadros verdes y amarillos, una corbata llena de compromisos burocráticos y una camisa de once varas marca “Primavera”, lo que le convertía enseguida en una figura ornamental a la que de inmediato tocaba llamar “señor alcalde”… |
| Africanos
| | Cuentos y relatos globales. 25.07.15 | Ampliar | Hacía varias horas que el jubilado recorría las calles de Madrid bajo el sol otoñal y ya un poco retraído de los primeros días en que se va el verano, en que las hojas comienzan a crujir y los armarios reciben, dan, y se llenan de manos y preguntas, ¿qué visto, qué visto? El jubilado caminaba despacio y de ninguna manera levantaba la vista. Le habían dicho que si seguía por esa calle, y, en especial caminando así, en algún momento, le hablarían. Sobre la esquina, se oyó una frenada, alguien con prisa, pensó para sus adentros el viejo, o un auto con frenos nuevos, tendrá que acostumbrarse, no es lo mismo una cosa que la otra. Hizo dos cuadras más y comenzó a sentir cierta molestia, o, más que molestia, impaciencia. No, no viene nadie, a lo mejor anduve muy rápido y por eso; no, estuve bien, se dijo y en ese mismo momento lo tocaron en el hombro. Era un hombre que andaría en los treinta y cinco años. ¿Sí?, dijo el jubilado. ¿Anda por aquí por eso?, le dijeron. Sí, respondió el viejo. Bien, sírvase, dijo el hombre mientras metía la mano en el bolsillo y tomaba una tarjeta en la que estaba escrita una dirección. |
| “El Cuco”
| | Cuentos y relatos globales. 25.07.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez. Hay personas que aunque lleven un nombre propio otorgado el día que les hicieran cristianas, no lo necesitaron nunca porque un apodo preciso que alguien les impuso les queda para siempre y les sirvió de condición para no ocultar ante nadie su verdadera identidad; ese fue el caso del “Cuco”, quien aunque recibió en la pila bautismal el nombre de Subael Ángel, nunca fue Subael Ángel sino el “Cuco”, sí, el “Cuco”, un hombre dócil y servicial y que siempre anduvo demasiado ocupado porque cuando usted no lo encontraba pintando la iglesia subido en una larga escalera, entonces estaba pintando la alcaldía o el cementerio o las escuelas o, de pronto, el mercado público, la casa consistorial o la casa de alguien, de modo que era él quien vestía al pueblo de alegres colores y lo convertía en una feria de todas las tonalidades y visos, dándole a la vida otro aspecto, otra presencia y animación. El “Cuco” fue pintor, pintor de brocha gorda, y en la realidad inmediata del pueblo sólo él y nadie más que él, conocía, en el fantástico y vasto universo de su imaginación los mil colores y tintes que, sin límites, transformaban y borraban de la faz de la tierra todo desconsuelo, atribuyéndole al panteón municipal, por ejemplo, un gris no de nostalgia sino de eterna morada del recuerdo conjuntada con visos blancos de paz. |
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